Mi bisabuela es Pappo. Dali
-¿Qué quiénes son los de la foto? Mis viejos, nosotros de chicos y las abuelas… ¡¿Quién es la que parece salida de un recital de Pappo?! ¡Sos tonta, eh! ¡Mirá esos anteojos! ¡Mirá lo que parecía! Esa era tú bisabuela. Pobre vieja, se quedó sola bastante joven. Como todas en la familia, ¿no? Pero peor la pasó tu abuela que se tenía que bancar a la suegra viviendo en su misma casa. Se hacía cargo de los nietos, de vez en cuando, sí, y a nosotros nos gustaba eso. Así como la ves con esa pinta de rockera y liberal, era con nosotros. Nos dejaba hacer... Cuando los viejos se fueron de viaje me acuerdo que se encerraba en su cuarto, en esa piecita con baño que estaba en el fondo de casa, después del lavadero y el patio, ¿te acordás? Ahí fumaba sus puchos, como fumaron ustedes a escondidas 40 años después. Fumaba y leía las ediciones de La Maga. Creo que vos las tenés guardadas en algún lado a esas. No se enteraba de nada de lo que pasaba afuera. No sabía muy bien cómo era el tema de ponernos límites. Como todas en la familia, sí... No sé si no sabía o no quería. Las abuelas están para eso. Para dejar ser y que los límites los pongan los padres. Sí, sí, sí, como lo hiciste vos, me vas a decir. No me mires sorprendida, te conozco, decilo. Qué sé yo. A vos te limité en lo que pude y bastante bien me saliste. Ojo, dije bastante, no te sonrías así, orgullosa. Yo sé que los chicos tienen lo suyo, pero son chicos… Bueh, ¿vuelvo a la abuela? ¿a tu bisa? Yo creo que se ponía esos anteojos negros a propósito. Ni te enterabas si te estaba mirando o si estaba en otra. Y vos sabés que le han servido para ignorar a la abuela también. Era como vos en eso: si alguien hacía un comentario que no le caía bien al toque se le notaba en la cara. No lo podía disimular. Y con mi vieja chocaba mucho. Cuando la Gorda decía algo que a la abuela no le gustaba, ella podía cerrar los ojos detrás de esas gafas presionando fuerte y manteniendo unos segundos sin que nadie se dé cuenta. Ahora, cuando hacía el otro gesto, ese mismo que haces vos. Así. El de abrir los ojos bien grandes levantando las cejas y arrugando la frente, ahí cagaba. Viste que son angostos los anteojos, mirá. Ese no lo disimulás con nada. También disimularía las penas, como todas en la familia, y sí, también. Vos me decís siempre que preferís tomarte las cosas con humor y que por eso te reís de tus dolores. Cuando podés, bah, o haces jodas cuando te hablo de las cosas que me preocupan de los chicos. Y sí, un poco más fácil se hace de esa forma también. Así era ella. Se lamentaba un poquito y después la remataba con alguna pavada. A otra cosa mariposa… ¿o cómo es que decís vos? Pero a veces tampoco es fácil y la lágrima se te escapa. Y más después de lo de mi abuelo, a ella se le escapaban varias. Se le fue de las manos muy rápido. No se lo veía venir. O sí, no sé. Él no sabía cómo seguir, o no tenía la fuerza. No era como ahora que la gente habla de estas cosas y parecen más moneda corriente. Por ahí era lo mismo ahora que 50 años atrás. No sé si alguna vez hablamos de esto, y si ya te lo dije te lo digo dos veces como decía mamá. Se estaba terminando de construir el edificio del correo y él laburaba ahí. Pobre vieja cuando se enteró. O pobre él. Viste, con estas cosas siempre pensás en los que quedan porque son los que sufren, pero lo que ha sufrido pobre viejo, eh. No sé. Ahora por ahí tenemos más herramientas, pero quién sabe. Después los que quedamos, quedamos bien… La pasamos, es así, vivimos con eso. Con las idas y las vueltas. Con las presencias y las ausencias. Bueno, no esperabas que de una foto de la familia tomando vermú termináramos acá, ¿no? Upa. Viste lo que te decía, ¡boluda! Mirate. Se te caen las lágrimas… pero estás haciendo fuerza, ¡dale! Me sonreís con fuerza, ya estás tratando de encontrar algo para hacerme reír y hacerte reír, ¿no? Llorá. Es más fácil. No pensés tanto. O mejor, pensá en Pappo. Pensá que tenías una bisabuela que se parecía a él.
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